domingo 23 de diciembre de 2007

1: JUGAR A HACER PELÍCULAS

Pero volvamos al tema de Alby y Juanjo: Dos gilipollas en un mundo gilipollas tratando de cometer la gilipollez de rodar una película sin contar con casi nadie.


Esta mañana hemos estado hablando y organizando cosas del proyecto mientras tomábamos un hirviente té rojo en el CAFÉ TIEMPO. Hemos llegado a la conclusión de que estábamos perdiendo el norte. Con tanto lío de producción, tanta búsqueda de financiación y tanta “seriedad” nos habíamos olvidado de la energía... del poder que ha mantenido vivas todas nuestras creaciones anteriores: El juego. Antes jugábamos; nos divertíamos haciendo lo que hacíamos, disfrutábamos, y esas buenas vibraciones se notaban luego en el resultado, aunque todo lo demás fuera una chapuza.

Así que hoy, al calor del té, hemos decidido reorientar nuestras brújulas y volver a nuestros orígenes: dejaremos de ser “serios empresarios” y volveremos a ser creadores juguetones que ponen todo el amor en lo que hacen. Nos hemos dado cuenta, una vez más, de que no necesitamos el dinero de nadie para sacar adelante la película. Podemos permitirnos el lujo de hacer con los cacahuetes un Lulú de más de una hora de duración.


No, no tembléis... El acabado será mejor, el guión está incluso escrito... y esta vez jugamos más experiencia que antes.

2: DIBUJANDO NUBES


Estoy dedicando la tarde a dibujar nubes. Es un buen trabajo, os lo aseguro... Debería existir como empleo social. Debería incluso figurar en el DNI. Nombre: Juan José Ramírez Mascaró. Ocupación: Dibujante de nubes. No vamos a dejarle ese placer solamente a Dios y la mamá Naturaleza...


Eso es lo bueno que tiene trabajar en una película: Uno se puede pasar toda la tarde pintando nubecitas sin sentir ese odioso complejo de culpabilidad de “debería estar haciendo algo productivo”.


Confieso que me ha costado arrancar. Estaba tan falto de energías que incluso dibujar nubes constituía una enorme proeza para mí. Pero todo ha sido empezar... Me encanta dibujar nubes!! Podría pasarme horas y horas haciéndolo. No soy tan bueno como el tipo que diseña los atardeceres majoreros, pero se hace lo que se puede.


He descubierto también que encuentro un formidable placer en el hecho de deslizar el cutter por las curvas de las nubes cuando llega la hora de recortarlas.


Y no ha sido ése mi único descubrimiento. También me he dado cuenta de que la música que uno escucha mientras dibuja nubes influye de una manera decisiva. No es lo mismo una nube pintada bajo el influjo de Philip Glass, que una pintada escuchando a Morricone, o a Pasión Vega, o música de meditación Zen.


¿Cómo serán las nubes que nacen oyendo canciones de King África?


3: LEGISLACIONES DE MIERDA


Con respecto al día de hoy, ha sido, una vez más, un día consagrado a GRITOS EN EL PASILLO. Esta mañana hemos tenido una entrevista radiofónica. Ha ido todo muy bien. Hemos hablado de bastantes temas (incluida la “denuncia social” sobre la poca ayuda que estamos obteniendo de las instituciones) y se nos ha tratado en todo momento (tanto a nosotros como al proyecto) con el cariño, el respeto y el interés que nos vienen ofreciendo desde hace meses los trabajadores de CRÓNICA 100.


Luego he estado leyendo unos papeles retorcidos y enrevesados que me han conseguido en la asesoría de mi padre, sobre el régimen especial de contratación y cotización en la seguridad social de los artistas y los toreros.


Los toreros no constituyen ningún problema para nosotros de momento, pero todo lo demás si es importante, y no sólo importante, sino también FEEEEOOOOO...


Ahora tengo que ponerme con cosas más artísticas. La redacción de unos textos para actualizar nuestra “maravillosa” página web de GRITOS EN EL PASILLO. Pero... ¿con qué estado de ánimo se pone uno ahora con una labor creativa cuando aún no se han espantado en mi cabeza los cuervos de la “legislación vigente///8435/mierda”??


A la hora de la verdad, Alby y yo estamos siendo en Fuerteventura los productores de la película. Nos habría venido bien contar con una persona que hiciese ese trabajo por nosotros... que nos permitiese dedicarnos a lo que debemos dedicarnos...


4: EL PODER DE LOS MEDIOS


Amigos míos, el poder de los medios de comunicación es inmenso. ¡¡Arriba el cuarto poder!!


Anteayer tuvimos una entrevista en la radio en la que denunciábamos la falta de apoyo que estábamos teniendo y lo poco en serio que nos estaban tomando. Dijimos unas cuantas verdades, como que recibimos más apoyo de Madrid que de nuestra poca isla, o la forma en que está funcionando la página web, o las estrategias que tenemos para mover la película.


El caso es que al día siguiente nos llama directamente el consejero de cultura para decirnos que él se había comprometido en ayudarnos y que nos va a ayudar, que por supuesto que tenemos la sala para rodar, que nos van a dar 500.000 pesetas como mínimo, y que está intentando que sean un millón.


También dijo que para cualquier cosa que haga falta que nos dirijamos directamente a él, saltándonos todas las barreras burocráticas, que “la burocracia entorpece mucho y sería una pena que esto se pierda por cosas como ésas”.


Lo cierto es que yo soy escéptico y aplico mi sempiterna máxima de “Nunca confíes en la palabra de un político”, pero parece ser que este hombre está verdaderamente por la labor, y lo cierto es que cuando nos reunimos con él hace unos meses me dio bastante buena impresión y lo vi bastante interesado en el proyecto.


Ojalá sea verdad, porque nos vendría muy bien esa ayuda.


5: NOS CONCEDEN LA SALA DE TRABAJO


Ya empieza la gente a quejarse de que llevo mucho tiempo sin hablar de los cacahuetes en el blog. Pues bien... la última novedad es que:


Ya nos han concedido la sala para rodar de manera más o menos oficial. La tendremos desde el 10 de enero hasta finales de marzo. Hay dos salas disponibles. Una enorme y con una enooooooooooooorme claraboya y otra más pequeña pero que tiene la posibilidad de transformarse en cuarto oscuro. Obviamente, elegiremos esta segunda, pues se adecua a nuestra manera de trabajar. Es decir: Eliminar toda la luz, sumirnos en la más absoluta oscuridad y luego, a partir de ahí, construir nuestra propia luz, como hizo Dios...


Lo malo es que esas salas estarán sujetas a horarios, y son horarios de jornada partida que nos obligarán a partir nuestra propia jornada de rodaje (tendríamos la imposición de comer de 13:00 a 15:00). Pero bueno... tal vez consigamos sacar un buen partido de ese descanso obligado, y tampoco creo que nos venga mal tener un horario fijo e impuesto, porque ello nos obligará a su vez a auto-imponernos una disciplina de rodaje.


Hoy me debería estar dedicando a hacer más dibujos para la película, pero no me sentiré cómodo dibujando hasta que no me haya quitado de encima todos los trabajos de feo bricolaje, así que en lugar de dibujar me he puesto a seguir midiendo maderas. Ahora ha tocado las maderas de los suelos. Llevo toda la mañana con ello y es horrible. Tengo que pintar en las tablas de maderas que harán de suelos las líneas que delimitarán las baldosas. Eso es una verdadera pesadilla para alguien como yo... alguien que siempre detestó las matemáticas por la angustia inherente al hecho de que dos más dos siempre fuera igual a cuatro. Alguien que no es capaz de trazar una línea recta aunque le pongan una pistola en la nuca...


Y haciendo tantas baldositas iguales de centímetro y medio por centímetro y medio, me he acordado del “Sentido Wong” de mi apreciadísimo Jaime Vaca. En serio... está siendo una auténtica tortura, solamente aliviada por las olas del mar al otro lado de mi ventana y las voces de Silvio y Aute al otro lado del altavoz.


6: PINTANDO DECORADOS


Lo bueno de trabajar en una película de bajo o casi inexistente presupuesto es que cada día trabajas en un oficio distinto. Un día eres director, otro día eres tu propio ayudante, otro día eres productor, otro día eres carpintero, otro día eres pintor...


Estos días está tocando ser pintor. Llevo todo el puente encadenado a un pincel. Coloreando los dibujos de los decorados, emitiendo trazos a medio camino entre el zen y la esquizofrenia.


No es un trabajo desagradable, pero tampoco es mi trabajo ideal. Requiere a veces de una precisión quirúrgica que nunca anidó en las manos de los piscis zurdos hipertensos e indisciplinados. Hay que ser cirujano, hay que tener buen gusto, hay que tener paciencia...


Lo más cercano al buen gusto que yo tengo es, en todo caso, un gusto exótico. En cuanto a la cirugía, mis tres últimos pacientes pusieron una demanda escrita con sus manos muertas. Y en cuanto a la paciencia... siempre he sido de los que solucionan la angustia de la inminencia de la muerte corriendo hacia ella por la cuerda floja de la vida todo lo rápido que puedo.


A pesar de ello, de momento estoy bastante satisfecho con los dibujos. Tengo la manía de quedarme fácilmente satisfecho con las cosas que hago. No sé si será narcisismo, o soberbia... O tal vez tenga la suerte de haber encontrado la forma de hacer las cosas tal y como me gustan, siguiendo los latidos de mi corazón en lugar del manual de instrucciones.

7: LOS PINGÜINOS SON MALOS PARA LA PUTA VISTA


Me voy a trabajar. Me temo que esta noche también me tocará trabajar sin luz. En fin... Dios nos dio las dioctrías para quemarlas pintando pingüinitos...


Hay nuevas noticias: Alby y yo hemos estado viendo hoy la sala que nos van a conceder para rodar lo de los cacahuetes. Es perfecta; justo lo que necesitamos. Y podremos empezar a ocuparla a partir de la semana que viene.

8: MINIATURAS


No tengo mucho más que contar hoy. Me he pasado toda la tarde embalando las miniaturas de nuestra película con ese plástico de burbujitas. Sí... Ese que a todos nos encanta coger para hacer explotar las burbujitas.


Hoy he descubierto que también sirve para embalar cosas.


Mañana es el gran estreno. “El retorno del rey” nos espera. Alby, Efrén y yo tenemos ya compradas nuestras entradas para las 21:30. Aguardo el visionado con una combinación de ganas, miedo, intriga... Pero sobre todo ganas.


Seguiremos informando...


... cuando podamos con nuestra propia alma.


8: YA LO DIJO EL GRAN ROBERT ZEMEKIS


Por otra parte, todo ese amasijo de maquetas, maderas, miniaturas y dioramas que podemos denominar “fruto de varios meses trabajando de manera compulsiva en una película de animación protagonizada por frutos secos”, está ya depositado en la sala que tan amablemente nos ha cedido el centro de exposiciones Juan Ismael. Se trata de una pequeña sala sin ventanas en la que tendremos que pasar la mayor parte de nuestra vida durante los próximos dos meses. Todo sea por el arte. Ya lo dijo el gran Robert Zemekis: “El sufrimiento es transitorio, la película permanece”.

9: CAMBIO DE DOMICILIO


Sí... Acabo de llenar una maleta con ropa, porque dentro de unos minutos bajo a la capital de la isla, Puerto del Rosario, sin saber cuánto tiempo pasaré allí. Tenemos mucho trabajo que hacer antes del rodaje, así que me temo que prácticamente me tocará vivir allí.


Así pues, supongo que actualizaré con bastante menos frecuencia de lo habitual, lo cual, supongo, será una buena noticia para algunos *:P


No obstante, intentaré seguir escribiendo algo por aquí como mínimo una vez a la semana.

10: ENFERMÉ ENFERMIZAMENTE TRABAJANDO EN UN LARGO ENFERMIZAMENTE ENFERMO.

Pero bueno, ¿qué más contar por aquí? Seguramente hay mucho que contar, pero no sé si seré capaz de acordarme de todo. Llevo arrastrando un molesto dolor de cabeza durante toda la tarde. Cuando uno trabaja con cierto tipo de pinturas y pegamentos, el olor de dichas sustancias químicas penetra en el cerebro. No es recomendable esnifar las mismas sustancias que utilizaron para envenenar a la duquesa de Alba. (¿Os podéis creer que la excesiva corrección política del diccionario del word llega hasta el punto de señalar como incorrecta la palabra “esnifar”? Putos moralistas fanáticos de mierda...)


¿Por dónde iba? Ah, sí... La pintura venenosa... Mi adorada Ari que tanto me cuida me regañó cariñosamente por no ventilar bien la habitación, pero en realidad la habitación sí estaba ventilada. Lo que ocurre es que cuando uno trabaja con cosas tan pequeñas, tiene que acercar mucho la cara hacia el objeta que se está pintando, y la fatalidad penetra por las fosas nasales.


Algún despistadillo se preguntará probablemente, ¿cuáles son esas cositas pequeñitas que está pintando? Pues más cositas para nuestro largometraje, por supuesto. Allí estamos Alby y yo, encerrados en una habitación cual enanitos de Santa Claus, trabajando en la primera película protagonizada por frutos secos de la historia del cine.


Nos lo estamos tomando con mucha tranquilidad. Realizamos nuestras labores mientras escuchamos música y hablamos de cien mil temas distintos. Hacemos como mínimo un par de pausas en nuestra jornada; una para almorzar y otra a media tarde, para escaparnos a tomar un té y un trocito de tarta de queso en una cafetería muy agradable llamada “Avenida 10”.


Aunque no son sólo los asuntos de ocio y distensión los que interrumpen nuestra jornada. También nos siguen robando mucho tiempo las cuestiones de producción y “relaciones públicas”, tanto en lo referente al proyecto “Gritos en el pasillo” como en lo que atañe a otros proyectos distintos que también parecen adornados por promesas de un futuro prometedor. Una vez más, tengo la sensación de que el 2004 va a ser nuestro año; un año de frutos, de buena suerte... Y será sólo el principio.


Aunque nuestro avance durante esta semana no ha sido espectacular, sí ha sido, cuando menos, alentador. Sobre todo si tenemos en cuenta que estamos trabajando sólo dos personas, y una de ellas (yo, me, myself, servidor, el menda) con las capacidades mermadas debido a la enfermedad. Dolor de garganta, falta de fuerzas, mareos, el ganglio inflamado, como un recuerdo de peores días en los que llegué a pensar lo peor...


Afortunadamente, los síntomas descritos ya son prácticamente cosa del pasado. El dolor de garganta prácticamente ha desaparecido, la energía fluye por mis meridianos y el ganglio se va deshinchando poco a poco. Mucho habrán tenido que ver las atenciones de mi querida Ariadna, con sus flores de Bach (me estoy metiendo esencia de roble), sus comidas sanas, sus infusiones y sus batidos de soja.


Confío en que la próxima semana arrancará con más fuerza, pues mi enfermedad para entonces estará con creces mitigada y habremos pillado el ritmo.


De momento, aprovecharé esta vuelta al hogar para hacer las diez mil cosas que he venido a hacer relacionadas con el proyecto cacahuetes y con otros. Son tantas cosas que estoy casi seguro de que se me va a olvidar alguna. Debería usar agenda, pero hay veinte mil cosas que debería hacer y que no hago, y otras veinte mil que no debería hacer pero sí hago. Según la medicina china tradicional, ni siquiera debería eyacular...


Pero bueno, también dicen los chinos que hay que armonizar siempre todos los extremos, así que debe ser sano introducir en la vida una cierta dosis de decadencia...

11: ORÁCULO Y SINCRONICIDAD


La sincronicidad y la magia siguen manifestándose en mi vida. Ayer fue un día especialmente místico y extraño, aunque el suceso más destacable, en nuestra opinión, fue el del oráculo:


Alby y yo habíamos salido a la calle para recoger unas cosas en la sala Juan Ismael (el sitio en el que nos están preparando el espacio para rodar). Nos detuvimos un par de minutos en la contemplación de una glorieta en la que Amancio (un escultor) estaba colocando con una tropa de hombres unas preciosas estatuas de bronce. Cuando reanudamos el camino, se nos acerca, como surgido de la Nada, un hombre con una mirada extraña, que empieza a caminar junto a nosotros, llamando nuestra atención con una frase:


“De cualquier cosa hacen una idea, ¿verdad?”


Alby y yo pensamos en un primer momento que se estaba refiriendo a las estatuas, y asentimos sonriendo como dos imbéciles. Pero resulta que el tipo se refería a nosotros. “Ustedes van a ser buenos”, nos dijo. “Ustedes van a triunfar”. Lo dijo sin venir a cuento, con la solemnidad de un oráculo. “Yo les conozco a ustedes. Les tengo leídos”.


Era todo extrañísimo. El hombre hablaba y miraba de una manera que no era normal. De pronto, se detuvo junto a uno de los coches más sucios que recuerdo haber visto y abrió la puerta. “Yo tengo muchas ideas”, nos comentó. “¿Me aceptan una copa? ¿Un refresco?”.


Nos quedamos desorientados, sin saber qué contestar. Finalmente Alby le dijo que teníamos que ir a la sala Juan Ismael, y el buen hombre se ofreció a llevarnos. Por aquello de no ser descorteses, aceptamos la invitación y nos metimos en el coche. Al hacerlo sentí que me estaba subiendo en un carruaje guiado por los corceles del Destino. El interior del coche estaba igual de sucio que el exterior. Ensuciaba la propia ropa de uno...


“Soy ingeniero”, proclamó el desconocido. No lo parecía.


El coche se puso en marcha. Escudriñé el título de uno de los libros que llevaba el hombre en el interior del coche: Era sobre pintura decorativa, o algo así. Alby le preguntó al desconocido algo que no recuerdo. Como única respuesta, él le enseñó un reloj que llevaba en la muñeca, mientras decía: “Mira lo que me regaló un colega”. Esa frase fue seguida por una sonrisa loca, desquiciada, que nos hizo comprender a Alby y a mí que aquel tío estaba pasadísimo. Vete a saber si era su estado natural o (lo más probable) si llevaba en el cuerpo alguna sustancia extraña. Me temo que Alby y yo, pensamos al unísono: “bravo, fantástico, magnífico... Estamos encerrados dentro de un coche en marcha con un hombre pasado de rosca, que está como una cabra y al que no conocemos de nada. ¿Será tal vez nuestro último viaje en coche?”


Pero el hombre cumplió su promesa de llevarnos a la sala Juan Ismael, durante un trayecto de conversación surrealista. “¿Y qué ideas tiene usted?”, le preguntaba Alby. “Yo tengo montones de ideas”, contestaba él, con su expresión desquiciada, y agregaba: “Pero las malas son las que funcionan”. Y yo respondía a eso con algunas palabras que ahora mismo no recuerdo. Fue todo así. Soltaba la información de forma rápida, fragmentada, psicotrópica... Decía que conocía al padre de Alby, y decía que mi madre le había dado clase... En otras palabras... sabía quiénes éramos... Decía que él tenía contactos para nuestra película... Todo entre sonrisas y risas de demente... Pero cada cierto tiempo, cual si de un estribillo se tratase, la sonrisa se la iba, se ponía serio, solemne... y nos volvía a repetir eso de “Ustedes van a ser buenos. Ustedes van a llegar lejos. Ustedes van a triunfar en la cinematografía”.


Y tanto Alby como yo lo interpretamos como una manifestación post-moderna de los antiguos oráculos. Una señal del Destino... enviada por alguna fuerza superior a nuestro entendimiento.


Porque cuando un hombre se coloca con alguna droga de esa manera, abandona su razón, disuelve las barreras que lo separan de su subconsciente, su parte animal... y ese hombre, en cierto modo, pasa a estar controlado por el propio Cosmos. ¿Sería, por tanto, un instrumento del propio Cosmos para hacernos llegar un mensaje? ¿Cuál sería ese mensaje? ¿Qué, en efecto, vamos a llegar lejos? ¿O tal vez el mensaje consiste en: “No se metan en un coche con un desconocido de mirada loca”?


Cuando se lo conté a Ariadna y le expliqué que nos metimos en ese coche por cortesía, por no ofender a aquél buen hombre, me dijo: “Entonces ustedes van a morir como murió Buda: por gilipollas”.


Para quien no lo sepa, Buda murió porque un hombre humilde le ofreció un plato de carne en mal estado y, aunque Buda sabía que la carne estaba mal y era peligroso comerla, se la comió por aquello de no ser descortés con el pobre hombre. La disentería acabó con su vida.


Nosotros estamos a años luz de la perfección espiritual de Buda, pero a este ritmo también alcanzaremos la sabiduría necesaria para morir “por gilipollas”. Es malo para la supervivencia, pero es bueno para el karma....

12: CRISTALES OSCUROS Y PAÑUELOS LUMINOSOS.

Los preparativos para la película van obre ruedas. Estos dos últimos días nos hemos animado y deprimido al mismo tiempo viendo “Cristal Oscuro” de Jim Henson y Frank Oz. Eso le hace a uno pensar en lo pequeñita que va a ser Gritos en el Pasillo.


Estoy pensando en darme un salto a Las Palmas a mediados de este mes para visitar a Ari. Una vez que empiece la vorágine del rodaje, no sé cuándo volveré a tener tiempo para verla. Me apetece mucho ir a visitarla, como el caballero que va a ver a su princesa antes de la batalla, para que la princesa le regale un pañuelo a modo de amuleto. ¿Podré tejer yo con hilos de sueños algún pañuelo similar para que lo pueda llevar ella en su batalla de exámenes universitarios?

13: EL MEJOR DE LOS EJERCICIOS


Los preparativos de la película podrían ir mejor, pero no van mal.


Estamos inmersos en una rutina que consiste en trabajar hasta que nos echan de la sala, luego alimentarnos (generalmente de forma medianamente barata y no siempre demasiado saludable) y luego vernos alguna película.


El mejor de los ejercicios para tipos como nosotros: Dedicar los días a hacer una película y ver otras muchas.

14: HARTO


Tengo ganas de terminar la película porque estoy harto de trabajar en ella. Nos sentimos muy solos.


Seguimos teniendo que abordar un centenar de tareas para las que no estamos cualificados, porque tampoco tenemos dinero para contratar a personal cualificado. Y por si fuera poco, hacer la película en el Centro de Arte Juan Ismael implica estar en continuo contacto con dos mundos que aborrezco: El mundo dela política y el mundo de los artistas vanguardistas de boina torcida y gafas de pasta dura, las exposiciones freeescaaas y minimalistas y las inauguraciones con canapés que combinan esos dos malos tragos: artistas y políticos.


¡Cielo santo! ¡Teníais que haber visto la exposición en la que estuvimos el otro día!


¿Vosotros creéis que... Bueno... mejor me callo. Mi opinión sobre el tema es tan destructiva como subjetiva.


15: CUARTO DE SIGLO (para que sirva de referencia temporal)


Ésa es la edad que cumplí el jueves pasado: Un cuarto de siglo. 25 añitos...


Últimamente voy por ahí haciendo la misma reflexión:


Si cogiésemos a 80 personas que tuviesen mi edad y sumásemos todas sus edades, llegaríamos a la época en que nació Jesucristo.


Y ochenta personas no son tantas. Seguro que tenéis el doble de personas o más en las agendas de vuestros teléfonos móviles...

16: MAYA Y GANESHA


La marcha de la película continúa igual que siempre: Con la lentitud de un potaje cociéndose a fuego lento. Tan sólo esperamos que, al igual que en el caso de los potajes, la coción lenta le dé un sabor a la película que merezca la pena.


El otro día nos sucedió algo curioso mientras trabajábamos en la sala.


Yo estaba colocando en el suelo unos papeles de periódico para no ensuciar, y de repente, en la hoja de periódico más cercana, divisé algo que llamó mi atención:


Era un anuncio. Un anuncio de una obra de teatro: La bella aurora. Y en el anuncio aparecía una fotografía de la bella aurora de la obra, es decir, mi amiga Maya.


Me hizo muchísima ilusión encontrarla ahí, de forma tan inesperada. Además, cuando Maya aparece, normalmente me trae señales del Destino.


Le enséñé a Alby mi afortunado hallazgo, y él dictaminó sabiamente que no podíamos dejar a Maya allí, en el suelo, bajo conglomerados de madera y pegotes de cola. Recortó la fotografía y, como la propia Maya me había recomendado hacía pocos días que le pusiésemos caramelos y ofrendas a la estatuilla del dios hindú Ganesha que tenemos en el improvisado altar de nuestro set de rodaje, pues allí pegamos a mi amiga Maya, debajo de Ganesha. Esa caprichosa deidad de cabeza elefantiana no tiene derecho a quejarse. Le hemos depositado una ofrenda realmente buena.


Lo más curioso fue ver cómo quedó la hoja de periódico en la que fue recortada la foto de Maya. La ausencia de dicha foto generío un hueco que subrayaba dos palabras al otro lado de la hoja de periódico. Esas dos palabras eran "los goya".


Así que ya sabes, Ganesha. Márcate el puntazo y te pondremos otro caramelito. De momento, a Alby se le ha ocurrido que, dado que Ganesha tiene cabeza de elefante y a los elefantes les encanta comer cacahuetes, convenía ponerle algunos cacahuetes en el altar. Tal vez así descarte la idea de comerse directamente al reparto de nuestra peli.

17: CUADERNO DE BITÁCORA


Cuaderno de bitácora del navío Gritos en el Pasillo:


Domingo veintitantos de abril. Año 2004 de nuestro señor.


Dentro de poco llevaremos un año navegando por estos mares inciertos. La moral de la tripulación ha pasado por momentos mejores.


Llevamos demasiados meses encerrados en este barco. Sólo podemos comer cacahuetes. No hay ningún otro alimento en la bodega, y la tripulación empieza a estar un poco harta. Cada vez que alguien menciona cualquiera de los restantes eslabones de la cadena alimenticia, nuestras bocas babean con nostalgia. Incluso algunos alimentos que en otros tiempos habríamos situado por debajo del cacahuete en nuestras preferencias se aparecen ahora en nuestros sueños como tentaciones paradisíacas, como anhelados frutos prohibidos, como rocío de Ávalon...


En ningún momento he creído que la dieta de frutos secos nos esté matando. Nos aporta todo lo que necesitamos para vivir. Es la monotonía lo que nos hace enloquecer. Es el hecho de encontrarnos todos los días con el mismo sabor, la misma textura, el mismo crujido de la cáscara.


Procuro mirar las cosas desde una perspectiva más positivas. Intento apreciar todos los encantos de nuestra dieta rica en magnesio, evoco todas las razones y sentimientos que nos indujeron a cargar de frutos secos las despensas de provisiones de nuestro barco. En ocasiones consigo inundarme de esa positividad. Pero los sentimientos positivos se desvanecen cuando veo la cara de los restantes marineros. Porque en sus caras veo los reflejos de lo que, por el bien de nuestro viaje, yo trato de pasar por alto: Que llevamos más de diez meses comiendo cacahuetes, y que eso son muchos meses para una tripulación tan pequeña como la nuestra.


Seguimos encontrándonos con algunos obstáculos en los senderos del océano. Algún que otro iceberg, un arrecife, el traicionero banco de coral... o esas dichosas tempestades que nos obligan a replegar las velas. Normalmente son obstáculos bastante predecibles, y no nos pillan en absoluto por sorpresa. Pero somos demasiado pocos en este barco. Tres marineros encuentran demasiadas dificultades para gobernar un barco de semejante tamaño. Para salvar los obstáculos hay que estar al mismo tiempo en el timón, en el mástil, en la torre de vigilancia, frente a los mapas apergaminados de la mesa del camarote, tras la mirilla del astrolabio, reparando las goteras del techo, para que la pólvora no se moje...


Si todo eso lo tienen que hacer solamente tres marinos (en ocasiones dos) una misma persona tiene que correr continuamente del timón a las maromas, confiando en que la otra persona corra del mástil a la bodega y luego se pase por el astrolabio... y uno acaba bastante agotado. Más agotado psicológica y moralmente que de una forma física. Y, obviamente, los obstáculos no se superan todo lo bien que se debiera.


Últimamente mis compañeros de bote no trabajan con la misma ilusión y el mismo empuje. Estos diez meses de navegación incierta están haciendo estragos en su moral. Yo sigo diciéndoles que el viaje merecerá la pena, que tarde o temprano llegaremos al nuevo continente prometido, que allí encontraremos tierra firme, remedios para nuestras necesidades y la recompensa (sea cual sea) por haber recorrido tantas millas de inexplorado mar hostil.


Pero creo que hace semanas que dejaron de creerme. A veces me parece captar cierto escepticismo en sus miradas. Tal vez el mismo escepticismo que yo lucho por ocultar a mi propio reflejo en el espejo.


Es difícil creer en el nuevo continente. Según las primeras mediciones astrológicas, se suponía que llegaríamos a nuestro destino hace cuatro o cinco meses. Pero esos cuatro o cinco meses fueron apareciendo uno tras otro, como si hubiesen acechado escondidos entre los arrecifes de coral, para prolongar la navegación indefinidamente, hasta el punto de que ya no estamos seguros de nada. Hemos arrojado al mar todos nuestros relojes de arena. Ya no confiamos en el tiempo. Esos meses traicioneros, esos meses sorpresa, producen un efecto similar al de una muerte lenta. Pero es todavía peor: Es vida lenta. Es estar conectado indefinidamente a la máquina sin que la eutanasia de nuestro estimado barco se pueda plantear como una opción coherente.


Por eso es lógico que los navegantes ya no crean ninguna promesa acerca de la llegada al nuevo continente. Manejan los aparatos del barco como zombies, sin motivaciones, sin ilusiones, sin vida, sin un rumbo demasiado definido... Pero no tienen intención de desertar. Al fin y al cabo, ingresaron en el barco por voluntad propia. Sabían el precio que se pagaba por ser tripulante de este barco. Es más, fue el navegante Alby quien me convenció para quitarle el polvo a este viejo navío que construí con mis propias manos hace ya dos o tres años... para luego abandonar pudriéndose en los muelles, por no encontrar a nadie entonces que me ayudase a deshacer los nudos de las maromas.


En las últimas dos semanas la navegación se ha hecho más lenta. Hay motivos para ello. Estamos atravesando el archipiélago que los indígenas conocen como ”Taller de cortometraje de la semana temática de cine del instituto Santo Tomás de Aquino”.


Tal vez llegaríamos antes a nuestro destino si hubiésemos virado a estribor y hubiésemos circunvalado ese archipiélago, pero teníamos razones para entrar en este cúmulo de islas: No solamente razones diplomáticas (habíamos prometido a los habitantes de las islas que pasaríamos por aquí en estas fechas, del mismo modo en que lo hicimos en otra expedición, el año pasado). No. No es sólo eso. También nos viene bien recalar en las islas para recolectar provisiones.


La tripulación agradece ese cambio. Yo mismo experimento cierto alivio al pisar de nuevo la tierra firme, de isla en isla, y probar frutos tropicales distintos de los sempiternos cacahuetes.


Es normal que todo eso nos tiente y nos incite a demorarnos más de lo previsto en estas islas, pero no deja de preocuparme el hecho de que estamos descuidando el mantenimiento del navío y de que no sabemos cuándo la corona dejará de financiar nuestra expedición.


En otras palabras: Es bueno repostar en este archipiélago, y es bueno también dejar sembradas en él semillas de árboles frutales para el camino de vuelta (todavía no sabemos si vamos a regresar del nuevo continente con las manos vacías; si vamos a descubrir que el nuevo continente no es otra cosa que un erial sombrío, un páramo estéril...). Es bueno repostar... pero no podemos descuidar el ritmo de la navegación. Y puede que lo estemos descuidando. Es cierto que tras la experiencia del pasado año navegamos con bastante soltura por estas líneas, pero a veces me asalta el temor de que a veces damos a sabiendas algunas vueltas innecesarias simplemente porque tenemos miedo de salir al mar abierto.


Porque sabemos que en cuanto abandonemos el archipiélago todo se volverá a reducir a una dieta rica en magnesio pero pobre en variedad; porque sabemos (los instrumentos de medición lo confirman) que la gran tormenta se avecina, y aunque los poderosos vientos de esa tormenta acelerarán nuestra marcha y nos llevarán con gran rapidez hacia nuestra meta, corremos el riesgo de que las olas kilométricas nos hundan en los abismos, o de que el huracán no haga llegar a tierra firme, pero con tanta violencia que acabaremos estallados como una pita contra las rocas, y el navío quedará convertido en un cascarón roto y vacío, como los cascarones de los cientos de manises que alberga en las entrañas.


No tiene por qué suceder eso. Somos pocos navegantes, y sabemos navegar por estos mares como nadie. Tal vez el círculo polar de los 35 mm nos venga demasiado grande, pero en estos mares, en estas latitudes... ni siquiera el almirante Welles o el pirata Hitchcock se atrevería a desafiarnos. Ni siquiera las olas y los vientos pueden vencernos, aunque seamos sólo tres, o dos... Pero es importante que seamos conscientes de ello como lo fuimos antaño... y es importante que estemos lo suficientemente despiertos, lo suficientemente atentos... y que no olvidemos cómo empezó esta expedición, de dónde partió, por qué partió y adónde queremos llegar.


El navegante Enrique Light Artisan tomó prestado un bote y nos abandonó temporalmente. Dice que escuchó el canto de una sirena en un islote lejano y no podía resistirse a su llamada. No sé si le habremos perdido. Aseguró que volvería mañana, pero es difícil estar seguro con alguien tan enamoradizo como el navegante Light Artisan. Queda al menos el consuelo de que sé de buena tinta que la sirena que le espera en el islote es de las que devoran a los marineros, pero no a mordiscos, sino a besos.


En fin... Si regresa lo castigaré a pegar las puertas de las bodegas y a seguir cultivando césped artificial. Y luego rezaré por poder contar con él y con el pleno uso de sus facultades cuando la tempestad se desate.

18: A PUNTO DE ENTRAR EN MAR ABIERTO


No voy a contar mucho más. No por falta de cosas que contar, sino por falta de fuerzas. La semana pasada resultó realmente agotadora. Los días de la semana susodicha consistieron en levantarse más bien pronto tras haberse acostado a las tantas la noche anterior... Enrique y yo nos íbamos a la sala a trabajar con la película; Alby se quedaba en su casa editando el cortometraje del taller que hemos estado impartiendo.


A la hora de comer, comíamos (era nuestro mayor privilegio) y una vez comidos, nos subíamos a casa de Alby para seguir montando con él el corto. Y ha sido un verdadero curro. Un día estuvimos montando 10 horas seguidas, y al día siguiente 15 horas. Y eso sin contar las mañanas que estuvo trabajando Alby solo, mientras el Artesano y yo pintábamos, cortábamos, encolábamos, moldeábamos...


Finalmente el trabajo se vio recompensado. El cortometraje fue un éxito. Encantó a profesores y alumnos, e incluso a mi padre, que es mi crítico y censor más implacable. Estaba rodado en clave de falso documental, y a pesar de lo disparatado de la historia, parece ser que una gran mayoría de alumnos se lo han tragado. Somos unos manipuladores de la ostia, y lo peor es que estamos enseñando a serlo a una manada de chiquillos de entre 15 y 17 años que, por cierto, se han comportado de una manera durante el proyecto que ya la quisieran algunos de los que se autodenominan profesionales. En fin... creo que a estas alturas seríamos capaces de hacer que el Dioni ganara las elecciones.


Y el trabajo en Gritos en el Pasillo también ha merecido la pena. Ya sí que está todo avanzadísimo. No exagero si digo que mañana mismo nos podríamos a poner a rodar si quisiéramos. Pero no es la mejor manera. Todavía queda rematar una serie de detallitos que harán el rodaje más fluido. Mis cálculos (y ya sí me parecen más certeros) son que en esta semana que entra terminaremos de rematar esas cosillas y empezaremos a despejar la sala para prepararla para el rodaje; meteremos la cámara, los focos, los trípodes, la pseudo-grúa y el pseudo-travelling que nos está fabricando el padre de Alby... En la semana siguiente a la que empieza ahora empezaremos a sacar fotografías y simulaciones que enviaremos a Madrid para que se vayan encargando de promocionar, buscar financiación y terminar la página web. Eso a nosotros nos servirá para ir entrando en calor. Para probar cómo funciona el montaje de los decorados, los suelos falsos... acostumbrarnos al manejo de las marionetas cacahuetiles. Para ir haciendo pruebas de iluminación, pruebas con inciensos y similares... Es decir, que esa segunda semana, al igual que la anterior, ha de redundar en la agilidad del verdadero rodaje que si todo sale bien empezaría justo a la semana siguiente, aprovechando el calentamiento.


La presencia del artesano de la luz por estos lares no sólo está resultando traidora, sino también útil. Todos debemos agradecer el hecho de que la televisión pública sea una mierda y el artesano no disponga de canal satélite. Gracias a eso, Enrique se acogió a la única alternativa: Tragarse los programas de bricolaje. Su asiduidad a esa clase de programas está resultando realmente conveniente en estos últimos coletazos de la preparación de Gritos en el Pasillo.


También nos ha brindado generosa ayuda el artesano en la elaboración del corto del taller.


En lo que a mí respecta, estoy dedicando estos tres días de “merecidas” vacaciones para hacer lo mismo que espero estén haciendo Enrique y Alby: El vago.


Creo que no sólo nos hemos ganado estos tres días de reposo, sino que los necesitamos para ahora, cuando llegue el martes, volvernos a meter a saco con los cacahuetes, mañanas y tardes, sin demoras, sin contemplaciones...


El navío Gritos en el Pasillo se acerca a mar abierto. Si algún corsario pretende sabotear nuestra navegación advertimos que nosotros no negociamos. Nuestros cañones lo hacen por nosotros.

19: TODAVÍA NO LLEGA EL PUTO MAR ABIERTO


En realidad mi vida en el momento actual podría calificarse de GUAY. Mañana (como estaba previsto) meteremos en la sala la cámara, los focos... es decir, las cosas que ya empiezan a “oler a rodaje”.


Pasaremos toda la semana haciendo las pruebas de cámara y movimientos que estaban previstas y rematando algunas cosas que quedan de las cuestiones de decorados y similares. Muchas de esas cosas nos iremos dando cuenta de que faltan conforme las vayamos necesitando. Así que es mejor ir necesitándolas para las pruebas de esta semana que ya en pleno rodaje.


Todo va tan bien como cabría esperar. Así que espero que al señor Cabría Esperar le vayan las cosas de miedo. Si es así, es muy posible que la semana que viene la empecemos ya con el plan de rodaje en la mano, y tachando planos... Empezando a tachar los más de 700 planos que tenemos que rodar...


Aún no sé cómo nos las vamos a arreglar para hacerlo. No sé cómo nos las vamos a arreglar para poder contar cada día con el número de personas necesario. No sé si cualquier día, de buenas a primeras, nos quitarán la sala y nos pondrán de patitas en la calle. No sé una mierda. Pero, ¿a quién demonios le importa? Como diría Dustin Hoffmann en la cortina de humo, “¡Esto no es nada!” Es pan comido para nosotros.

20: MOZART, DESTINO, ESTILO, EXCOMBATIENTES


Adoro a esa moneda. Aparece muy pocas veces en mi vida, pero su sabor metálico es el sabor del Destino. Me refiero a ese euro austriaco que tiene tatuada la cara de Mozart. Desde aquella racha que tuve hace tiempo en que me lo encontraba cada dos por tres en momentos clave, terminé asociando el significado simbólico de esa moneda a la banda sonora de nuestra película, Gritos en el pasillo.


Llevaba meses sin encontrarme al euro de Mozart. Casi me había olvidado de él. Y de pronto, un día de esta semana, el euro austriaco llegó a mi monedero, se limpió los pies en el felpudo que hay justo delante del bolsillo de las monedas y le dijo a mi mayordomo: He regresado.


Había regresado.


“Hoy va a llegarme una noticia relacionada con la banda sonora de la película”, pensé.


Unas cuantas horas más tarde, yo estaba en la cocina preparando un revuelto de huevos, queso y salchichas de pavo. Las rodajitas de salchicha hacían el amor con los taquitos de queso entre sábanas amarillentas de huevo batido. Y de repente... el teléfono móvil de Alby comenzó a sonar.


Alby lo cogió.


- ¿Diga?


La voz del otro lado de la línea comenzó a hablar:


- Hola, ¿eres Alby? Yo soy Arístides.


- ¿Arístides? – entonó Albynubio, desconcertado.


- Moreno – respondió la voz del otro lado de la línea.


- ¡Ah! ¡Moreno! – exclamó Alby, más desconcertado todavía.


Arístides Moreno empezó a descojonarse de risa. Lo primero que Enrique y yo pensamos es que se trataba de una broma. Pero no... Era real. Era el verdadero Arístides Moreno. Un par de meses atrás le habíamos hecho llegar una copia del guión de Gritos en el Pasillo, junto a un dossier, una copia de nuestro cortometraje del bardino y una carta bastante freak y confiansúa. Le preguntábamos en la carta si estaba interesado en hacernos una canción para la película.


Pasaron los días, pasaron las semanas... las semanas empezaron a coagularse en meses... y nos olvidamos del asunto. Y de repente, ese día, Arístides Moreno nos da señales de vida para decirnos que está muy liado, pero que quería que supiésemos que está muy interesado en participar en el proyecto, que ya tiene algunas cosas pensadas y en cuanto pueda intentará grabar una maquetilla y mandárnosla. Nos dijo también que no podía ver el corto del bardino, porque no se reproducía en su playstation. Esa parte hizo que Enrique y yo nos desternilláramos de risa.


Así que esa ha sido nuestra última incorporación al proyecto: Arístides Moreno. El gran Arístides. Nos dio sus números de teléfono y ya estamos en contacto con él. De momento no hay nada formalizado. Sólo buenas intenciones y parece ser que ilusión por ambas partes, pero tener a Arístides interesado en el proyecto es una poderosa arma de promoción en el ámbito canario.


Podríamos decir, en términos generales, que desde que hemos “acabado” con las manualidades y hemos empezado con el trabajo de pegaplanos y cuentacuentos están lloviendo las oportunidades de conseguir fama y prestigio para el proyecto. Lo de Arístides es un hecho notable, pero no es, ni mucho menos, un hecho aislado. Ya hemos salido en el programa de Mar Castañeyra (el de mayor audiencia en las teles locales de nuestra isla), y la próxima semana nos espera un maratón: la televisión autonómica, la Provincia, crónica 100, radio archipiélago... La gente empieza a oír hablar de la película más aún que antes. En las calles de Puerto uno casi puede percibir cómo flota la conciencia de que esos tres locos están haciendo una película... y la gente comienza a tomarse el proyecto en serio. Muy en serio...


Todo eso es bueno, porque significará más facilidad para conseguir financiación a nivel insular, nos pondrá en contacto con más gente dispuesta a ayudar (ya se han ofrecido a ayudarnos algunos de nuestros antiguos alumnos) y lo más importante para mí: Nos garantizará aún con más fuerza la permanencia en la sala. Si las cosas crecen al ritmo en que están creciendo, nadie tendrá valor ni interés en expulsarnos de esa sala.


Quiero rodar la película en ese taller. No sólo por lo traumático que sería tener que trasladar todo el material a otro lugar. Eso pesa muchísimo, pero hay algo más: La carga simbólica, emotiva, mágica en cierto sentido... que sigo apreciando en el hecho de que el edificio en el que estamos era anteriormente el Cine Marga... el cine en el que vimos nuestras primeras películas... El hecho de que la sala en la que estamos coincide concretamente con el lugar en el que estaba el proyector de dicho cine.


Sí... Esa sala huele a Destino... A Destino y a plastilina.


Las pruebas de cámara que estamos realizando con los decorados de la película están dando resultados realmente satisfactorios. Esas pruebas están ahí para decirnos que el rodaje va a ser muy puto y muy largo, pero que va a merecer la pena. Vamos a hacer algo grande con esto. Se trata de algo grande muy pequeñito y humilde. Pero algo grande al fin y al cabo... Algo grande porque nos estamos dejando en ello tiempo, sudor, años de vida, el poco dinero que encontramos en nuestros bolsillos, horas de sueño, neuronas, dioctrías... e incluso algo de sangre. Da igual si tiene éxito o no. Da igual si la gente lo comprende o lo abomina. Si conseguimos terminarlo... si llegamos a ese fin... si la peli llega a ese fin sana y salva, y nosotros también... entonces habremos hecho algo grande, habremos cerrado una etapa de nuestra vida y habremos comenzado otra, habremos llegado a la cima de la montaña y nos dará igual el paisaje que hallemos en lo alto. Nos parecerá endiabladamente cojonudo. Nos habremos demostrado muchas cosas a nosotros mismos, y habremos demostrado también un par de cosas al mundo, aunque el mundo grite tanto y vaya tan deprisa que no se dé cuenta de ello.


Da igual si la película alcanza el enorme éxito que pronostican algunos o si desemboca en el fracaso que acaso auguran otros entre líneas. Da igual si el resultado es un gris término medio entre los dos extremos. Para nosotros será un éxito, porque si conseguimos llevar esta empresa a buen fin, sabremos que seremos capaces de afrontar lo que se nos ponga por delante. Miraremos con indiferencia a los nuevos cineastillas que surjan pavoneándose, con esa indiferencia que percibimos en la mirada del excombatiente lisiado que mira a los presumidos guardas de seguridad de la puerta de la discoteca y podremos decir, al igual que el excombatiente: ”Aficionados...”


Y eso será tan sólo el peor de los casos. Dudo mucho que tengamos que llegar a eso. Este proyecto no puede fracasar. Hay demasiadas energías positivas de la gente que nos apoya, hay demasiadas señales del Destino, hay una inexplicable benevolencia en la forma de proceder del Cosmos; nos obsequia con problemillas diminutos, para poder permitirse el lujo de no jodernos con ningún problema de los gordos, hay demasiadas expectativas para ser defraudadas, hay demasiada gente que se ha quedado enganchada, o intrigada o maravillada al oír hablar del proyecto, o al leer el guión, o al ojear el dossier, o al ver las maquetas, o las fotografías... Y... ¡qué cojones! Sabemos lo que estamos haciendo, y eso es algo que no podrán decir muchos directores en este maldito país. Sabemos lo que hacemos, sabemos cómo lo estamos haciendo... y estamos siendo honestos y humildes con nosotros mismos. De alguna manera misteriosa, estamos encontrando nuestro propio lenguaje, nuestra propia estética... Tal vez el estilo, el verdadero estilo, no venga determinado por esas ideas e imágenes que tenemos en mente (esa ensalada de influencias e ídolos que se combinan para generar monstruos de frankenstein nunca vistos; un brazo de Burton, un pie de la Hammer, un tornillo de Lynch (el que le falta a Lynch), un ojo de Hitchcok, el otro de De Palma, un hombro de la Corman, las orejas de Poe...). Todo eso ayuda, por supuesto... todo eso es el sustrato... pero creo que lo que termina de cincelar el acabado final es la forma, totalmente personal y propia que tenemos los artistas de afrontar los obstáculos que se presentan en el camino. Sí... creo que esa es la guinda del pastel del estilo: Cuando la idea se enfrenta al mundo real, no puede adaptarse bien a él, y empieza a deformarse... los artistas se esfuerzan a toda prisa en moldear la ensalada que acaban de vomitar, para que se amolde mejor a los páramos del mundo tangible... y el resultado es el ESTILO con letras mayúsculas en times new roman doce.


Creo que eso nos está sucediendo en Gritos en el Pasillo. Da igual que hayamos crecido y/o madurado con Burton, Hitchcock, Lovecraft o Poe. El mundo real va erosionando poco a poco nuestros corsés platónicos. Va echándole un poco de sal a la ensalada... y entonces uno se detiene, mira hacia atrás y se da cuenta de que en algún lugar del proceso uno ha dejado de hablar con la voz de sus ídolos y ha empezado a hablar con su propia voz. Porque uno se encuentra con esos problemas imprevistos, con las despiadadas aristas de la praxis... y piensa, ¿qué harían Burton, Spielberg y Poe en una situación como esta? Y es entonces cuando uno, casi inconscientemente, responde: “no tengo ni puta idea”. Y es entonces cuando no queda más remedio que acudir a la propia voz, las propias ideas, las propias ilusiones...


Y si eso sucede cuando uno pinta o escribe, imaginaros el resultado en un largometraje, en el que siempre, por cojones, tiene que trabajar más de una persona.


Pero bueno... que los admiradores de Burton, Poe o la Hammer no se alarmen. Creo que estamos haciendo nuestra la historia, pero todavía queda mucho de Burton, Poe o la Hammer en nuestra peli. Las ventanas rezuman gabinete del doctor Caligari, los cementerios acogerían con una sonrisa a Christopher Lee o Peter Cushing, los árboles lindan con Sleepy Hollow por un lado y con Miyazaki por el otro. Y juraría haber divisado la silueta de Vincent Price a través de la cerradura de una puerta...

21: OPTIMISMO INGENUO


El asunto Gritos en el Pasillo sigue yendo genial. Seguimos en fase de pre-rodaje, acosados por los medios de comunicación y obteniendo imágenes que nos animan más y más. De hecho, ya tenemos un par de trailers montados que podrán ustedes disfrutar en cuanto tengamos tiempo para actualizar la web.


Suerte a todos, y que el mundo siga girando como una graciosa bailarina de ballet.

EXTRACTO 22: STEPHEN KING, ERNST HEMINGWAY Y RAY BRADBURY ME HABLAN SOBRE GRITOS EN EL PASILLO


Hablaremos ahora de libros. Le comentaba a mi querida Ariadna que últimamente tengo la sensación de que los libros que leo describen las circunstancias por las que está pasando mi vida y la de los amigos que trabajan, hombro con hombro, junto a mí.


Todo empezó con la hermosa (aunque fatigosa e interminable) lectura de “IT”, de Stephen King.
Cierto día, allá por la página mil y algo, me di cuenta de que “IT” cuenta la misma historia que nos está sucediendo a nosotros: Un grupo de niños que hace algo importante en su pueblecito natal.
Luego, cada uno crece y se va por su lado... pero años después, cuando ya son adultos, cuando han cambiado tanto que ya ni se reconocen los unos a los otros, tienen que regresar al pueblo natal, unirse de nuevo y volver a hacer aquello que hicieron en su día, cuando eran aún tiernos infantes...
Y descubren que para hacerlo tienen que volver a descubrir lo que significaba ser niños.


En nuestro caso, lo que hacían los niñatos en su pueblo natal era cortometrajes. Fue la época de
Lulú, del Intruso, de los Burgaos Asesinos... Cortometrajes cutres pero que siempre han tenido más éxito, más encanto y más poder para provocar carcajadas que los productos “adultos” y elaborados que los han seguido. Así que aquí estamos con nuestra peli, tratando de hacer d enuevo un “Su nombre era Lulú” de grandes dimensiones, e intentando de una manera casi subconsciente retornar a la niñez, viendo pelis de los años 80, recordando las canciones de Alaska y los electroduendes, buscando a los aurones, asomándonos por las ventanas de la aldea del Arce, gritando de exquisito horror al recordar a Turbotín: aquél adolescente que se convertía en ferrari rojo cuando se mojaba...


Cuando “IT” estaba ya a punto de terminarse, paseé por Las Palmas buscando entre los laberintos de las librerías algún postre que me quitase el atracón del suculento tocho de King.


Llevaba en mi mochila “El viejo y el mar”, de Ernst Hemingway, pero no me apetecía leerlo. El cuerpo me pedía algo de Bradbury.


Estuve en la librería Altair.
Encontré allí un regalo para mi querida Ariadna, pero nada para mí. Yo seguía resuelto a seguir buscando un pedazo de Bradbury para el avión de regreso, y entonces, mientras pagaba el regalo de mi princesa, una dependienta a mi derecha le preguntaba a otro señor el nombre del autor que estaba buscando. Y el señor respondió:


- Ernst.


Escucharlo y pensar en Hemingway fue todo uno, aunque en ese momento no me paré a pensar en la relevancia trascendental de esa revelación.


Fue minutos más tarde, ya paseando fuera de la librería, cuando caí en la cuenta de que aquello era una posible señal. Me dio la impresión de que el Destino me dijo a través de la boca inocente de aquél comprador: No es el momento de Bradbury. Ahora te tienes que leer al ERNST
Hemingway que tienes en la mochila.


E iba yo pensando en eso cuando, de repente, mi vista repara en el cartel que hay encima de la puerta de una de las tiendas de Triana. En ese cartel, en medio de otras dos palabras, estaba escrito un ERNST como la copa de un pino.


Parecía puesto allí a propósito. El tipo que lo colgase hace años o décadas no tenía ni idea de que era un simple peón en las jugadas del Destino, colocando cinco letras mágicas que se convertirían en una señal significativa para mí y para otros mil peones quizá.


Seguía sin apetecerme empezar la novela de Hemingway, pero después de lo sucedido sólo podía ignorar a medias los gritos del Destino.


Pero el Destino no se conformaba con la mitad de mi atención, así que de repente, un par de minutos después, doble una esquina y me encontré con otra tienda. Y en esa tienda, sobre la puerta, había una cartel más grande que el anterior.
Y ese segundo cartel decía:


ERNEST.


Ernest Hemingway... Como lo conocen aquellos que se empeñan en españolizar los nombres extranjeros.


Acabé comprándome en Moebius “Cementerio para lunáticos”, de Ray Bradbury, pero tenía ya clarísimo que no me empezaría el libro de Bradbury hasta haber devorado primero “El viejo y el mar”.


Nunca me ha gustado la forma de escribir de Hemingway, pero he de reconocer que la historia del viejo y el mar es preciosa.


Y si con Stephen King vi reflejado en la historia el momento presente, mientras leía “El viejo y el mar” tuve la sensación de que el relato de Hemmingway hablaba del futuro de la película.


Empecé a preguntarme si no seremos como el viejo de la novela.
Si no estaremos pescando con todos nuestros esfuerzos un pez demasiado grande para una barquita tan pequeña como la nuestra.


Puede que, al igual que el viejo, consigamos finalmente pescar el pez, pero el pez será tan grande que no podremos subirlo a nuestra barca y ponerlo a buen recaudo.
Tendremos que conformarnos con remolcarlo y arrastrarlo hasta tierra firme.


Y no tendremos el material necesario para espantar a los tiburones, y los tiburones acecharán, se acercarán sin ningún temor y empezarán a mordisquear la carne de nuestro pez recién pescado.


Imagínense al pobre viejo, asistiendo al espectáculo impotente. Viendo cómo los tiburones se llevan la carne que el pensaba vender en el mercado para poder ganarse la vida y salvar el invierno...


Es probable que cuando los tiburones de las productoras y las distribuidoras comiencen a atacar a nuestro pez, se lleven toda la carne y no nos dejen ninguna carne que vender. Puede que nos toque pasar frío este invierno, porque tenemos el poder de pescar un gran pez, pero no estamos capacitados para subirlo a bordo de nuestro barco.


Pero os recuerdo una cosa: Cuando el viejo llegó a la costa, sin fuerzas, al borde del desmayo, ya no quedaba carne que vender, pero la barca todavía remolcaba el enorme esqueleto del pez, y todo el mundo vio ese esqueleto y se dio cuenta de la proeza que había protagonizado el viejo.


A nosotros nos pasará lo mismo: Podrán quitarnos el material vendible, pero siempre quedará ahí el esqueleto para demostrar que “nosotros hicimos eso”. Y con eso nos basta. Las espinas del esqueleto no sirven para comérselas, pero con ellas podremos fabricar agujas de primera calidad que nos permitirán pescar otros peces.


Leí “El viejo y el mar” de un tirón, en unas pocas horas. Así pues, a la noche siguiente ya estaba en condiciones de empezar con “Cementerio para lunáticos” de Bradbury. Lógicamente, tras haber visto el presente en el libro de King, el futuro inmediato en el de Hemingway... a una parte de mí le dio por pensar que a lo mejor el libro de Bradbury describía el futuro que vendría detrás del inmediato.


No me disgustaría que así fuese, porque “Cementerio para lunáticos” habla de dos jóvenes promesas del mundo del cine que están empezando a abrirse camino y que son llamados a Hollywood para hacer una película de monstruos. Allí empiezan a codearse con las grandes figuras del cine.


Todavía sigo leyendo ese libro. No es lo mejor que recuerdo haber leído de mi adorado Bradbury, pero sigue siendo lo suficientemente magistral para ser del viejo Ray. En un principio, el libro me enganchó porque, a pesar de que encontraba el estilo literario menos cuidado que otras veces, la trama me parecía muy interesante.
A estas alturas de la lectura, me sucede al revés: La trama me parece un poco chapucera, pero el estilo y la prosa han mejorado tanto que le entra a uno tan bien como una clara de verano.


Y eso que no está demasiado bien traducido. La traducción es obra de una tal Laura Mahler, que debe de ser más extranjera que un esquimal, porque, para empezar, suele traducir el “My God” como “Mi Dios”, en vez de cómo “Dios mío”.


Pero es hora de dejar de hablar de libros para dar paso al segundo bloque publicitario: No se pierdan, mañana domingo, en el informativo de las 14:30 de la televisión autonómica la fabulosa noticia en la que los miembros de Gritos en el pasillo nos hablan del ambicioso proyecto que los tiene encadenados a la arcilla y la plastilina desde hace casi un año. Habrá posible repetición en el telediario de las 21:00 (obviamente, también en la autonómica). Los peninsulares que tengáis la televisión canaria en vuestra plataforma de satélite a lo mejor también podéis verlo).

23: MÁS OPTIMISMO ILUSO

La película anda envuelta en las mismas brumas de la incertidumbre, pero cada vez me preocupan menos esas brumas, y cada vez es más firme mi convicción de que todo saldrá bien. Como suele decir mi amigo Jaime, “da igual qué clase de obstáculos se presenten en un rodaje. Al final, por un extraño misterio, todo acaba saliendo bien”. Hay una especie de espíritu que protege a los cineastas locos. Alguien que deshace todo lo que hace el travieso de Murphy.

24: CIEN MIL GRADOS SOBRE CERO. ¡¡YA EMPEZÓ EL RODAJE!!


Calor... boca seca... la piel bañada de sudor... No estoy en condiciones de escribir, pero no quería demorarme por más tiempo. Este blog necesitaba una actualización, por si todavía queda alguien que lo visite. He visitado el resto de los blogs y algunos están bastante muertos. He deducido que la mitad de ellos están muertos por la misma razón que el mío: El rodaje de "Gritos en el Pasillo" no nos deja tener demasiada vida. Nos absorbe...


Sí... Esa es la razón por la que ya no tengo internet... Estamos rodando. Un rodaje muy lento, con muchos obstáculos técnicos y carencia de personal. Hay bastantes ocasiones en las que sólo estamos
Alby y yo en la sala de rodaje.


Jim Henson tenía 80 escayolistas cuando realizó el cristal oscuro.
¡Por el amor de Dios! ¡80 escayolistas! si empiezas a sumar también los carpinteros, los atrecistas, marionetistas, pintores, diseñadores, eléctricos, operadores... al final resulta que tenía un equipo de cientos o miles de personas.


Nosotros en los mejores días somos cuatro, y en los peores somos sólo dos.


Así que si la película no es tan buena como "Cristal Oscuro", tenemos más de una excusa. ¡Y eso que no hemos hablado del presupuesto!


El caso es que a pesar de la lentitud y lo tedioso y pantanoso del rodaje, llevamos ya rodados unos 130 planos, y nos gusta bastante el resultado. Creo que si las circunstancias no nos hacen perder el norte, será una peli muy muy interesante, con cosas que no se han visto nunca, y con otras que no se han visto desde ha veinte años.


Hoy describía lo que está resultando esta película con una comparativa que tal vez no vaya del todo desencaminada: "Una mezcla entre La bola de Cristal y los Fraggel, solo que mucho más oscuro y con más intención cinematográfica".


No he investigado el número de personas que componían el equipo de los fragells, pero seguramente nos superan también en decenas o centenas. Y, una vez más, no hablemos del presupuesto...


Es tan duro ser un cineasta pobre...


Durante la primera semana de rodaje contamos con la inestimable y mágica ayuda de nuestras dos negartijas, Yoana y Sofi. Fue un enorme placer tenerlas por aquí, y esperamos que el placer se repita.


También nos deleitó con su presencia nuestro querido Jaime, y dentro de una semana llegan Laura y Naia. Así que, a pesar del aislamiento forzoso al que nos lleva el rodaje, no nos podemos quejar de nuestras compañías!!!


Yo, por mi parte, tengo que añadir a todo eso más magia, porque mi querida Ariadna ya está en la isla!!


Y ahora, damas y caballeros, les ruego que me disculpen. Tengo una vida que vivir más allá de este ordenador... y las dos cosas que se anuncian con más urgencia en esa vida violeta son... una ducha y algo fresco para beber...

25: CUADERNO DE BITÁCORA: AL OTRO LADO DEL ECUADOR


Sí amigos... Tras un mes y medio de fatigosa navegación, el navío de Gritos en el pasillo ha cruzado el ecuador del rodaje más surrealista/cutre de la historia del “cine seco”.


¿Estamos contentos? ¡Sí! Como “capitán forzoso” de este navío, es mi deber declarar que por el momento estamos muy contentos. La navegación está siendo más lenta y dura de lo que esperábamos. Nos estamos encontrando todos los obstáculos y bancos de colar que figuraban en los mapas y también otros que nadie imaginaba que existiesen.


A pesar de ello, las islas vírgenes que vamos descubriendo por el camino son tan hermosas que nos ayudan a continuar con la arriesgada travesía.


La estética de la película está funcionando incluso mejor de lo que imaginábamos. La iluminación de Alby (el otro conductor de este navío) es realmente bonita, llamativa y continuamente desfilando entre lo arriesgado y lo imposible. En cuanto a la realización, decir que a pesar de los temores que suscitó en un principio el abanico de limitaciones técnicas inherentes al rodaje con frutos secos, la experiencia ha demostrado que, en efecto, todos los planos del storyboard se pueden hacer. Y el 5 ó 10% de planos inviables son fácilmente sustituibles por alternativas igual de buenas o mejores.


El montaje promete ser efectivo, las primeras pruebas de la banda sonora prometen hacer juego con dicho montaje...


... e impregnándolo todo, el sempiterno encanto de lo artesano, la tracción manual de las marionetas, el temblor del pulso que remite inevitablemente a Fragell Rock y sus habitantes de trapo.


A estas alturas de la singladura nos sentimos capaces de afrontar cualquier tormenta que se atreva a desafiarnos. Más de la mitad del tiempo la única tripulación del navío se reduce a Alby y yo.


En otras ocasiones, algunos marinos encuentran un hueco libre para venir a nuestro barco y regalarnos su ayuda desinteresada. Muchos planos no habrían podido realizarse sin la ayuda del Artesano, Efrén, Chindy o nuestros propios alumnos del instituto, que decidieron pasarse a echar una mano justo cuando más falta nos hacían. Llegaron apestando a Destino.


¿Vida social? No. No tenemos demasiada... Entramos por la mañana en nuestro laboratorio de sueños y salimos por la noche. Solamente una interrupción a mediodía para comer, dormir, duchar... y luego el tiempo justo para cenar decentemente y dormir el suficiente número de horas para poder rendir bien al día siguiente. Y entre la cena y el sueño, y tan bello e importante como el comer y el soñar, pasar también un rato con mi querida Ariadna.


Y por si eso no fuera suficiente, ahora, a partir de septiembre, simultanearemos el rodaje de la película con una mini-serie de dibujos animados que exigirá también una dedicación intensiva. Tenemos que idear, escribir, dibujar, animar y montar diez capítulos de aquí a diciembre. Será matador, pero un poco de presión nos ayudará a mantenernos despiertos. Además, estamos muy ilusionados también con ese proyecto.

26: ENTRADA RÁPIDA SOBRE UN PROCESO LENTO

La peli: Lenta y bien, igual que siempre.


El viernes probable viaje a Tenerife, como un relámpago. Ir, hacer una entrevista para "Buenos días Canarias" y volver el mismo día.

27: MUDANZA A MADRID. ¡¡EMPIEZA LA POST-PRODUCCIÓN!!


Quizá algunos no habéis sido informados todavía, pero en los últimos días mi vida ha cambiado de forma drástica.


No se trata de nada malo. No existe nada malo en este mundo, que es algo así como decir que dos nunca pelean si uno no quiere.


Pero el Destino, siempre aficionado a las sorpresas y a las bromas, me manda a vivir a Madrid.


No es nada definitivo. Entre otras cosas, porque definitivo es una palabra incompatible con la vida.


No sé cuánto tiempo me quedaré en la capital. ¿Un mes? ¿Dos meses? ¿Tres? El tiempo necesario para terminar de una maldita vez la peli.


Porque a eso es a lo que voy: A iniciar ¡por fin! el proceso de pos-producción de Gritos en el Pasillo.


Prácticamente he terminado con mi trabajo en la serie y ya hay poca cosa que pueda hacer aquí. Por eso Alby y yo hemos decidido dividirnos las tareas. Mientras él se queda aquí, lidiando con Érase Perdices, yo aprovecharé un pasaje a Madrid que ya tenía sacado para, desdeñando el billete de vuelta, permanecer en la metrópolis ocupándome de que la película se monte, se sonorice, se musique, se vuelvan a grabar los diálogos, etc.


Otra ventaja de estar allí es que podré supervisar la realización del making of de Gritos, tarea que hemos delegado en mi estimadísimo Raúl, y podré también seguir dando caña en las cuestiones de promoción, donde no moveré un dedo sin consultarlo con mi también estimadísimo Alberto.


Y si la película me deja tiempo para más cosas... ¿quién sabe? Tal vez intente encontrar algún trabajo allí... o tal vez aproveche para intentar mover de una vez por todas esas novelas que se me acumulan en el currículum.


De un modo u otro, la peli es lo primero, y si las cosas marchan como tienen que marchar, no tendré apenas tiempo para invertir en otra cosa.


No niego que a una parte de mí le da pereza irse. Dejo aquí muchas cosas y personas que me importan.
Pero, por otra parte, confío en poder regresar dentro de poco... y a pesar de los molestos incordios inherentes a la jungla urbana, me espera allí muchísima gente a la que quiero, y muchísimos cines, y una película que terminar, y mil aventuras que vivir... y si algún día el ruido, el humo y el asfalto comienzan a pesar más de lo recomendable, me escaparé un ratito a mi adorado Parque del Oeste.

28: BREVE RESEÑA SOBRE LOS DÍAS DEL MONTAJE

Me mudé al centro de la ciudad en marzo de este mes. Por aquel entonces todavía estaba sujeto a unos horarios. Tenía que montar la peli con mi querido Guillo, y para ello tenía que ajustarme a su jornada laboral. Eso significaba pasar todo el día en un búnquer, rodeado de máquinas que zumban, parpadean y te ordeñan la energía vital, profetizando Matrix.


En defensa propia, decidí compensar eso prescindiendo un poco del metro a la hora de ir al trabajo y regresar de él. Me levantaba un poco antes y hacía la mitad del trayecto caminando. De esa manera me ahorraba la mitad de las paradas. Más adelante, terminé haciéndome el trayecto entero a pie.

29: PRIMER TRAILER DE GRITOS EN EL PASILLO


¡Hola a todos! Feliz 2006 y toda esa mierda.


Últimamente procuro no hablar demasiado de nuestra peli en este blog.


Para eso está la sección de noticias de la página web.


Pero hoy es un día especial que sí merece una mención.


¡Hemos colgado el primer trailer oficial de la película en la página web!


Si queréis echarle un vistazo, lo encontraréis aquí:


Son tres minutos y pico de trailer, con diálogos de la película, imágenes que no habíamos mostrado hasta ahora y música original de la película. Es la primera vez que usamos nuestra propia banda sonora, compuesta de momento parcial y magistralmente por nuestros músicos, Andrés de la Torre y Javier López Vila.


No puedo despedirme sin agradecer a Xavi Fortino su ayuda para que este trailer pudiese salir. No sólo cedió en pro de la causa su ordenador, sino también su talento como montador y supericia para grabar dvds y todas esas mariconadas.


Por si algún despistado no lo pilla: Que sí. Que lo monté con Xavi! Todo queda en casa.


¡Pues eso! ¡Espero que lo disfrutéis!

30: EL NÚMERO OCHO

Las señales siguen insinuándome que comienzo una nueva etapa.


El otro día os comenté que desde hace algún tiempo el número ocho se me aparece como aquél que hará avanzar mi vida y traerá consigo el cambio.


Hasta hoy, ingenuo de mí, no me había dado cuenta de que el ocho tiene forma de cacahuete.


8


Y mientras los cacahuetes se arrastran lentamente, yo estoy como el ave fénix: Reborning and reburning.

31: ESTANCAMIENTO


Soy el único cuya vida parece estancada o, peor todavía: A merced de personas que no soy yo.


Quiero hacer avanzar la post-producción de Gritos en el pasillo, pero el ritmo no depende de mí, sino de otros técnicos que siempre tienen cosas mejores y más productivas que hacer.

32: FORO CANARIO

Ya tengo billete para Las Palmas. Nos han convocado en el festival de cine, para asistir a una mesa redonda junto a los demás productores de animación del archipiélago.

Iremos allí, veremos como nuestro buen Alberto se desenvuelve e intentaremos convencer a todo el mundo de lo genial e inigualable que es nuestra peli.

Espero que la crítica no se lleve el cuchillo de serrar...


33: TRAS EL FORO CANARIO

El Festival de las Palmas, bastante bien. Me atrevería a decir que nuestro proyecto disfrutó de una cálida acogida. Hicimos contactos muy interesantes, y nos sentimos integrados dentro de la comunidad artística y/o/u audiovisual de Canarias.



34: CAPRICHOSAS MUSAS DE MIERDA


Bien es cierto que no he estado parado. 2005 ha sido un año de supervisar el final agónico de un largometraje, y de escribir otros cuatro largos, más otros cinco que he terminado en lo que va de año... y cortos, y series de televisión, y algún relato o poema para desentumecer los músculos del alma...


No puedo decir que haya perdido el tiempo, pero me jode no seguir con las novelas, pues las consideré piedra angular de mi vocación artística desde el preciso instante en que empecé a escribirlas (está haciendo ahora mismo siete años).


Me da un poco de rabia que últimamente sólo me nazca hacer guiones. Mis hijas más mimadas y más mías fueron siempre las novelas.

35: POST-PRODUCCIÓN AGÓNICA

En fin... ¿qué novedades hay desde la última vez que me dejé caer por aquí?

Pues lo de siempre. Gritos en el pasillo avanzando irremediablemente hacia su fin (que será el principio de todo lo demás). El sonido y la música están muy avanzados. Las personas encargadas de ese tema trabajan con un talento y un cariño imposibles de pagar con todo el oro del mundo, aunque nos gustaría que el mundo nos diese un poquito de oro para poder pagarles.


La cuestión del etalonaje se va poniendo en marcha, aunque todavía no hemos encontrado a ningún director de fotografía que lo supervise. Me temo que Alby era el único tan tonto como para trabajar a pleno rendimiento sin cobrar. Y ya ni siquiera Alby es así de tonto.


Pero ya conocéis la frase típica en el mundo de los rodajes: Da igual lo que suceda. Al final todo sale bien.” Esa frase ha jodido muchos proyectos, junto con la otra mítica de Da igual. Eso lo arreglamos en post-producción.

36: ¿A PUNTO DE TERMINAR?


En realidad quería hablaros de Gritos en el Pasillo.

Parece ser que, después de tres años de luchar contracorriente para sacar adelante esta maldita peli, comienza a vislumbrarse algo parecido a un final.


Estamos trabajando a marchas forzadas para tenerla terminada a lo largo de este mes.


Si todo sale tan bien como debería salir, estrenaremos Gritos en el pasillo en el Festivalito de La Palma, entre el 14 y el 23 de julio de este año.


Espero que por fin lleguemos al final de todo esto. Desgasta muchísimo pasar tanto tiempo luchando por un mismo proyecto. Y más para los piscis, que somos inconstantes e indisciplinados por naturaleza.


Este proyecto me ha chupado todas las energías, me ha arrastrado tropecientas veces al borde de la depresión, me ha hecho plantearme los cimientos de mi propia filosofía, mi propia felicidad, mi propia vida... a veces incluso pienso que me ha roto un poquito el corazón, porque una peli es una novia demasiado celosa y absorbente, y a la larga termina echando de tu vida a cualquier otra mujer.


Pero, qué demonios... nadie dijo que sacar adelante un largometraje fuese fácil.


Sólo espero que el mes que viene, cuando la película esté terminada, estrenada y cualquier otra palabra terminada en hada, pueda, por fin, cerrar un capítulo y cambiar de página en todos los aspectos de mi vida.


Como le contaba el otro día a mi amiga Yoana, es muy duro que a lo largo de 3 años tú cambies muchísimo interiormente, pero tu vida no. Es durísimo lidiar con mil problemas y luchar por sacar adelante una película que representa la visión del Juanjo de hace 3 años, pero que ha quedado obsoleta para el Juanjo de hoy.


Confío en que éste sí es el final de verdad.


¿No os ha sucedido alguna vez que estáis subiendo una montaña, y pensáis que estáis a punto de alcanzar la cima pero, cuando alcanzáis lo que creíais que era dicha cima, resulta que solamente era un peldaño más?


Eso nos ha pasado una decena de veces durante el rodaje y la post-producción de Gritos en el pasillo.


La única esperanza que me mantiene con vida es la de que este mes de julio sí sea la auténtica cima de la montaña, y que una vez aposentado en dicha cima, me encuentre con el hilo que tejen las arañas que viven en las nubes, para poder escalar y alejarme de una maldita vez de este mundo en el que tengo un pie puesto en un lugar, y otro pie en otro, un ventrículo puesto en un lugar, y el otro en... otro... un hemisferio del cerebro puesto en un lugar y el otro en... otro...


(Nota añadida por el Juanjo de hoy día: Cuando escribí lo que acaban de leer, no sabía que todavía quedaría un año para terminar la película del todo)

37: MEMORIA DE ELEFANTE

Siempre me han gustado los animales. Pero cuando era niño, no se trataba simplemente de gusto. Era pasión.


Recuerdo una de mis visitas al zoo, cuando era pequeño. Me dejaron unos cacahuetes para que le diese de comer a un elefante.


Cuando aquella enorme mole reparó en mí y en la comida que le ofrecía, se acercó con unos andares pesados, majestuosos...


Yo no me podría creer que un animal tan grande estuviese reparando en la existencia de un niño tan pequeño.


Mientras cogía los cacahuetes con su trompa, el elefante me miraba con unos ojillos muy amables, casi humanos... o más que humanos. ¡Y os juro que aquél titán me sonreía!


Para el niño que era yo en aquel entonces, que un elefante le sonriese era tan importante como si hoy día me dedicase esa sonrisa Christina Ricci.


Cuando ese mismo día mis padres me dijeron que los elefantes eran famosos por tener una memoria prodigiosa, mi pequeño cerebrito empezó a fantasear con la posibilidad de que aquel bicho me retuviese en su cabeza, y pudiese reconocerme cuando, años después, yo pudiese regresar a aquel zoológico.


Hoy he sido yo el que, de repente, se ha acordado de aquel elefantazo. Y no he podido evitar imaginarme volviendo a ese zoo, yendo hacia el recinto de los elefantes, y encontrándome de nuevo con aquel viejo amigo.


El elefante se acordaría de mí, me reconocería, y le diría a sus colegas:


“¡Mirad! ¡Es el de los cacahuetes!”

38: GRITOS ESTÁ TERMINADO

Así es.


Esta mañana, a eso de las siete, tras un par de noches en vela y un centenar de quebraderos de cabeza, hemos terminado la peli.


El fruto de tres años de trabajo cabe dentro de una cajita de color azul.


¿Cómo nos sentimos? Agotados...


Se supone que es un punto de inflexión. Hoy día 7 de julio comienza una nueva etapa. Aunque nosotros no terminamos de asimilarlo.


Estrenamos en el Festivalito de la Palma, parece ser que el día 21 de este mes.


Me voy a la cama. Probablemente de por vida. Si alguien quiere que vuelva a hacer otra película, que se asegure de que puede rodarse en una cama.


No... No me refería a ese tipo de película, malpensados...


Bueno, o tal vez sí...